27 de febrero de 2025

27 de febrero de 2025

El taller literario, Francisco Bitar, Editorial Sigilo, 2024

¿Cómo y por cuánto tiempo se es un escritor luego de publicar? ¿Cuánto de la propia existencia abarca la pose que sostiene esa pequeña proposición: ser escritor? Bajo ese manto de misterio y prejuicios que genera el sentirse una cosa que ya no se es, o no se es tanto, Francisco Bitar con su nueva novela El taller literario ensaya en la ficción cómo volver a escribir una vez que se tiene un bloqueo. 

Gori Lizmayer, el personaje principal, es un escritor que publicó una saga hace ya tiempo y, desde que empieza la novela, escribir se le vuelve una montaña empinada, que sus pulmones de fumador desorientado no resisten. Entre ambientes ordinarios, vulgares, que a veces se vuelven cómicos, este escritor que cayó en el olvido busca, contra la solidificación de su realidad circunscripta a un departamento agrio y polvoriento, revivir ese ser para darse consistencia. 

Con un cambio de nombre y un corte de barba para alejarse de la única foto que circula de él como escritor, Gori, ahora Ghito Londres, comienza a asistir a un taller literario recomendado por la playera de una estación de servicio. El ambiente en el taller es difícil de tragar pero, una vez adentro, él se convierte en una molécula del heterogéneo grupo que “tira de la literatura hacia adelante”. El taller parece ser la condición para que el relato exista y, con pequeños deslices, la novela se vuelve metaliteraria, consciente de sí misma y de la creación de sus personajes: “Una vez en la calle, cada tallerista encara en una dirección distinta y se pierde entre la gente y en la fila descompuesta de autos. Por un momento, el propio relato se distrae con el movimiento, y hasta el narrador confunde a sus personajes entre todos estos hombres y mujeres que van y vienen por la ciudad”.

Como impostor le va bien. Sin embargo, la pose convierte al sujeto en eso que posa. Porque en definitiva, ¿cuánto se puede alejar uno del pasado que arrastra? ¿O será que el pasado, como el tiempo, pierde consistencia y no hay manera de asirlo? Por lo menos en la literatura (o ante la literatura), Francisco Bitar, con una escritura ágil, cercana, posible, se acerca a la volatilidad de esa pose y a sus reverberaciones, como las ondas que produce una piedra que cae al agua. 

Carolina Fernández Ares (Buenos Aires, 1995) se mueve cerca de la literatura y de la ilustración como si de fueguitos en pleno invierno se tratara. Estudió Letras en la UBA, y se ha dedicado a diferentes oficios: cuentacuentos, carpintera, pintora y docente de literatura. Actualmente está terminando la maestría anfibia en periodismo narrativo, mientras hace honor a ese impulso nómada que anida en ella desde siempre, moverse, conocer, escribir. Participa como editora en la Revista Rumiante.