23 de abril de 2026

23 de abril de 2026

Più bella cosa di te 
Unica come sei 
Immensa quando vuoi 
Grazie di esistere 

 

Era una tarde de Homero.  
El día declinaba.  
Mientras tomaba sol,  
Roxy preparaba el bolso.  
Su aparición fue fugaz como el rayo.  
Su desaparición,  
un relámpago que acabó con el mundo.   

突如其來如 

焚如 

死如 

棄如 

(, 30.4)  

El llanto no conmueve en primera instancia.  
La ternura inclina la balanza.  
A todo esto,  
la nave partió a las doce en punto rumbo a la ciudad.  
Roxana reclamaba más cariño.  

El regreso se dio en solitario.  
Un cuerpecito negriblanco aguarda con esperanza.  
La silla le da refugio,  
mientras una hermana merodea buscándola.  
La nave está a punto de partir.  

Mamá blanca,  
con los días contados.  
Papá gris, 
agresivo y sin nariz.  
Y un planeta salvaje que será tu destino.  

El cariño se va haciendo carne,  
entre idas y esperas. 
Llantos y narices tras el vidrio.  
Está prohibido  
entrar al aposento principal.  
El miedo al contagio prevalece.
Un día regresó de su viaje lejano Laniku.   

Aterrorizada,  
huiste a refugiarte en un árbol allende las tierras permitidas.
Un más allá harto peligroso.  
Para entonces,  
tu pelo brillaba con muy mucho olor a carne.  

El rescate fue angustioso: 
tu habilidad lo complicó. 
Quedó la convivencia como única opción.  
Laniku desconfía.  
Vos sos cauta.  
Se amigan por hábito.  

Flotando en el aire caliente  
del verano hay libélulas.  
Saltás sobre Laniku  
para hacerle un fuego.  
Y cazás, no para vos.  

La combustión del hogar no te quema.  
Sobrevivís a las lluvias.  
Te rebelás contra el apego.  
Cada vez que la nave llega, 
tu presencia se esconde en la noche.  

Laniku nos mostró una reminiscencia  
de tu existencia.  
De las tierras la nave nodriza huyó y te olvidó. 
Buscaban cazar en las regiones superiores.  
El rescate lo impidió.  
Se prefiguraba tu era.  

Poco a poco la divinidad fue emergiendo de tu ser. 
Regís estas tierras.  
Administrás los cariños y el respeto.  
Descansás soberana en tus aposentos.  

Tras la tempestad,  
apareció la Kid Thunder.  
Sus tres puntos indican que la nave colisionó. 
Histeria total.  
La Kid vuelve al espacio.  

Laniku, Lolito, Manigoldita,  
los seres inferiores:  
todos bajo tu soberanía.  
Se castiga la desobediencia. 
Adoración extrema: salve, dea rustica 

Un crudo invierno,  
los gases obturaron tus pulmones.  
Decaimiento y falta de apetito.  
Se descubrió el envenenamiento.  
Con un ojo se pagó.  

Pasado el tiempo,  
las resinas del bosque oscuro  
liberaron a una inocente.  
A merced de los desmenuzadores,  
el encuentro fue providencial.  
Su ingreso a las tierras supuso una revolución.  

Desconfiada,  
se abrieron heridas.  
Manipulando,  
fingías fatigas.  
Satisfecha,  
el destierro se cumplió.  

Inesperadamente,  
las tierras se confinaron. 
Circundaba por doquier imprevista la muerte. 
Polo se obsesiona con tu olor.  
Casi pierde un ojo.  

Tras un año,  
retorna la prosperidad y la calma.  
Los días son soleados y los pájaros mueren. 
Tu soberanía no declina.  

A lo lejos,  
humo de una nave estrellada.  
El único sobreviviente, 
dormido en una cápsula.  
Es un soberano.  
Tu cara se inunda de desprecio.  

tū rú qí lái rú 

fén rú 

sǐ rú 

qì rú 

(Yìjīng, 30.4)  

Pipu crece bajo la custodia de Polo.  
Sufre un atentado. 
Sobrevive de milagro.  
El cariño de todos el respeto se va ganando. 

Comparten el aposento.  
Te quiere tomar.  
El poder reclama.  
Tu subordinación solicita.  
Hay heridas y heridas y heridas.  

La tierra se divide.  
Pipu,  
el reino interior y el campo de caza.  
Vos,  
las tierras anteriores y el aposento principal.  
Rara vez sueñan juntos.  

Porque era de la Pipí  
intentar arrancarte los ojos.  
Era de la Pipí 
atacar mientras se duerme.  
Era de la Pipí  
manipular los sentimientos.  
Era de la Pipí  
hacer imposible no adorarla.  

Un día se fue Laniku.  
Se fue Lolito un día. 
Y un día también se fue  
impossibile dictu– 
Pipu. Imperturbable,  
tus ojos mutaron.  
Expresaban amor y melancolía.  

Desolados los territorios  
de Pipu,  
advinieron seres  
de orejas puntiagudas a las tierras.  
Poco a poco,  
hicieron brillar rojizos sus dientes.  
Con ellos regresó también la nave nodriza a este,
tu planeta salvaje.  

Su aparición se dio súbitamente. 

Arde. 

Se extingue. 

Es desecha. 

(Clásico del cambio, 30.4)  

Así fue la era de la Pipí.

Daniel Gustavo Gutiérrez es Licenciado en Audiovisión (UNLa), Licenciado en Filosofía (UBA), Licenciado en Letras (UBA), Magister en Metodología de la Investigación Científica (UNLa) así como doctorando en Letras (UBA). Imparte clases en el nivel secundario, superior y universitario. Publicó artículos científicos en revistas nacionales e internacionales, además de narrativa y poesía. Actualmente, es estudiante de chino clásico y moderno.