1 de julio de 2026

1 de julio de 2026

Montaje y reproducción, Lisandro Wolter. Caburé, 2024

Lisandro Wolter es músico, escritor, profesor en Letras. Con varios cuentos publicados, en 2020 ganó el 5° Concurso Internacional Alberto Cognini con Kosovo, uno de los relatos incluidos en este libro.

Leer Montaje y reproducción, su primer libro de cuentos, es como atravesar un pasillo mal iluminado, donde cada puerta abierta es una posibilidad de desconcierto. Sus doce relatos inquietan no solo por su contenido, sino por la forma en que están construidos. Aunque el índice distingue los textos con las etiquetas “Montaje” o “Reproducción”, más que categorías estrictas, funcionan como llaves para entender dos modos de enfrentar la memoria y la experiencia: ensamblar fragmentos o revivir ciclos.

En “Baños”, cuento que abre el libro, Wolter ubica a un grupo de jóvenes en una fiesta en la casa de uno de ellos, donde las tensiones emocionales y los deseos se mezclan con el ruido y el desorden. La escena en el baño se convierte en un espacio de vulnerabilidad e incertidumbre, donde la búsqueda de afirmación se entrelaza con la confusión y el bullicio. Por otro lado, en “Cada vez que cae la luna”, una mujer redescubre a su madre a través de las libretas que dejó tras su muerte. En esas páginas fragmentarias y a veces crípticas, encuentra no solo recuerdos, sino una visión íntima y ambigua del mundo. Las anotaciones revelan tanto como ocultan, y el peso de esas palabras convierte la memoria en un territorio incierto, donde cada frase parece resucitar una presencia ausente.

Montaje y reproducción es, más allá del género, una reflexión sobre la memoria, la identidad y la forma en que construimos y reconstruimos lo vivido. Las historias parecen fragmentos de una película en constante edición, donde la realidad se reproduce con variaciones que ponen en jaque la certeza y el orden. Algunos personajes reaparecen o se cruzan en más de un relato, aportando una dimensión de continuidad y cohesión, como formas de construir y reconstruir una misma realidad desde distintos ángulos, en las que el humor no queda excluido.

“La casa de Aracne”, relato que cierra el libro, ofrece un contrapunto inquietante con respecto al tono predominante en los demás cuentos: un espacio que se vuelve un laberinto donde la protagonista, atrapada entre luces tenues y pasillos que se alargan, revive sin descanso sus temores y culpas. “Todo quedó inmerso en la oscuridad. No era terror lo que sentía, no, el terror vendría luego”. Este relato se convierte en una metáfora del encierro emocional y la repetición obsesiva que desgasta. Por otro lado, en “Peluche”, la adultez y las heridas del pasado se entrelazan en un encuentro inesperado entre dos antiguos conocidos. La conversación en el consultorio de un dentista revela nostalgias, desencuentros y recuerdos distorsionados que persisten, componiendo un montaje emocional que atraviesa el tiempo y el espacio, todo teñido de un humor melancólico y punzante.

Así, el lector puede sentirse atrapado, como Aracne, en un espacio donde cada puerta esconde un relato, y cada relato abre paso a otra versión de una misma historia. El libro conjura la extrañeza de lo cotidiano, transformándolo en un territorio donde lo familiar se vuelve a la vez extraño y perturbador.

Diego Coronel (Buenos Aires, 1976) es estudiante avanzado de Letras (UBA). Integra el equipo de la revista Otra Parte. Su relación con la literatura está atravesada por la lectura como una obstinación y la escritura como una forma de resistencia. Le interesan la narrativa argentina y latinoamericana, así como la poesía que descubre pequeños sentidos en lo cotidiano.