25 de junio de 2026

25 de junio de 2026

—Es ahora. Ya tienen que salir. 

Nada. No se mueven para nada. 

Disculpeme, lector, estamos trabajando para usted. Para brindarle un mejor servicio siga en línea, por favor. 

—¿Siga en línea? —me pregunta el personaje más subido al pony del mundo—. No estás hablando con un cliente, telemarketer. 

—Si no salís a la hoja, créeme que voy a seguir siendo telemarketer. 

—Nadie te obligó a que estudiaras Letras. 

Aprieto los labios, frustrada por la impotencia de ni siquiera poder mirarlo porque solo puedo escucharlo, pero no lo veo. Más aún si no aparece y no completa los renglones que necesito. 

—¿Ustedes pueden entender que ya tenemos un lector encima? Tenemos trabajo, por favor. 

Se ríen. Puedo oírlos. Qué vergüenza con vos, solo no dejes de leer, pero en algún momento van a salir. 

—El lector no entiende una goma —escucho a la protagonista. Y todos estallan en risas de nuevo. 

—¿Alguien me explica qué les pasa? —pregunto, con las manos en la cintura y con mis hojas en blanco. 

Silencio. Por un momento creí que quizás se fueron pero no, siguen ahí. Creo que di en la tecla del asunto. Si empujo, quizás pueda sacar alguna razón… para mí, para vos que seguís acá. 

—Por favor. Esto es muy importante para mí y no entiendo, de corazón, qué está pasando. 

—Es degradante —murmura uno. 

—¿Perdón? 

—Trabajé con Shakespeare…

—Yo con Cortázar.

—Estuve en La divina comedia

Y así cada quien me enumera sus obras, mejor dicho, sus participaciones anteriores como personajes en grandes historias de la literatura. Me asustó comprender que estaba en presencia de seres con mucha experiencia. 

—Tenía diálogos en inglés británico…

—De siglos anteriores. 

—En mi caso, fue un español complejo y muy bien seleccionado donde cada palabra fue bien pensada antes de ser escrita. 

—No entiendo a qué se refieren con todo esto —mentí. Sí sabía hacia donde iba todo este problema. 

Se silenciaron de nuevo. Ni siquiera veía el reflector de la inspiración, sus voces tan diferentes me recriminaban haberlos traído hasta aquí y la situación se me escapaba de las manos como una vida que ya cumplió su tiempo. 

—Eso es una metáfora complicada.

—Demasiado drama. 

—Va a decir que es su carta astral. 

Cerré los ojos y me sostuve la cabeza. La idea se había esfumado sin más. Ya no recordaba la trama, ni los personajes, ni la conclusión, ni el motivo ni de dónde surgió. 

—Vuelve a tu línea, querida. 

—No. 

Escuché su sorpresa. Sonreí y me creí la más brillante del mundo. 

—Háganlo ustedes y yo se los haré llegar a quien quiera leerlo. Es un pacto justo. 

—No te debemos nada. 

—Pero ya se encuentran aquí y hasta que no cumplan con la invocación no se podrán ir. 

—No puedo creer este chantaje.

Querido lector, siga aguardando en la página. Los personajes están hilvanando una historia para usted. 

Johanna Analy Chávez Rojas (San Martín, 1996) es estudiante de Letras en la UBA.

Su papá contaba que de chiquita ignoró una juguetería para pedir un libro de cuentos. Con timidez, empezó a escribir finales alternativos en primaria, proyectos de novelas durante el secundario, hasta que un duelo la empujó a escribir Mujer Baterista que saldrá publicada por Rútila Libros. Actualmente, trabaja en su segunda novela: Mujer Libre. También es colaboradora en la revista Por el camino de Puan.