15 de octubre de 2026
15 de octubre de 2026

Qué beben los que no leen como yo, Luis Mey. Factotum Ediciones, 2024
En Qué beben los que no leen como yo, el último libro de cuentos de Luis Mey, se sienten aires del realismo sucio bukowskiano: estos doce relatos nos presentan un mundo plagado de protagonistas masculinos que son siempre seres melancólicos, sin objetivos claros y que intentan sobreponerse como pueden a los avatares que la vida les presenta, pero que a su vez, y con cierto cinismo, parecieran desear esos males, por el placer que les producen.
Con frecuencia, varios de los personajes (no solo los protagonistas) se alejan del realismo convencional ya que, como cualquier ser humano de a pie, no poseen un conflicto central, sino varios pequeños conflictos a la vez, que son producto de los fracasos en sus relaciones amorosas, amicales o familiares. Son justamente estas relaciones fallidas las que tensan a los protagonistas y el ritmo de la narración. Es, sin embargo, esta multiplicidad de problemas que experimentan, así como su carácter contradictorio, lo que los vuelve más realistas.
Cinco elementos recorren de forma constante y transversal estos relatos: la lectura, la escritura, la música, el cuerpo y el alcohol. Las dos primeras se observan en las aficiones u oficios escriturales que poseen varios de sus personajes, debido a lo cual son muy frecuentes los diálogos metatextuales sobre la escritura de cuentos o novelas.
El cuerpo se vivencia generalmente de forma directa a través del sexo: parejas infieles, contactos íntimos, actos masturbatorios. En otras ocasiones, la sexualidad aparece de forma soslayada, como ocurre en el cuento “Poesía de máquina de escribir” en donde se entabla, como una especie de juego, un vínculo de madre e hijo entre un par de amigos escritores, que no llegan a concretar un encuentro sexual, pero la tensión está siempre presente y es lo que le da un ímpetu magistral a este relato.
Respecto a la música, aparecen referencias a canciones de distintos autores y géneros (desde Frank Sinatra a Pink Floyd) que potencian los ambientes emocionalmente cargados por los que transitan los personajes. Por último, el alcohol es quizá el más relevante de estos elementos, no solo por conformar parte del título (al igual que la lectura), sino por ser una vía de escape ante la angustia sempiterna de los protagonistas, quienes se dejan llevar, a menudo, por el confort dionisíaco que les brinda tanto el vino como el whisky.
En estos relatos, cuyos personajes parecen salidos de un film contemporáneo, Mey nos invita a participar de forma lúdica de la contradicción y el absurdo de la vida misma.

Nació en Perú y reside en CABA hace más de una década. En el arte tiene una fuerte fascinación por las formas breves. Publicó un par de poemas en la antología Cadáver Exquisito de Ed. Vino Tinto y algunos de sus poemas y reseñas fueron publicados en Por el camino de Puan. En el 2025 dio ponencias sobre la poética de Lovecraft y sobre el terror y la animalidad en Cuando acecha la maldad.

